Ver para creer, el avance hacia la realidad virtual

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Los avances en tecnología siempre conducen hacia el mismo camino. En parte se busca negar la realidad en la que vivimos, construir un mundo ajeno que nos permita escapar de los gajes de la vida cotidiana. La aceptación de la comunidad virtual se extiende con desmesura, por eso cada vez más negamos la monotonía de nuestra existencia. En parte las tecnologías nacen siempre desde el impacto, desde la inventiva, desde un cambio de paradigma que nos permita percibir aquello que antes pasaba desapercibido. Negar la realidad es abrirle la puerta a la tecnología para invitarla a cenar.

La incidencia de la realidad virtual es un mero síntoma de los tiempos que corren. Surgió tras la necesidad explícita de una experiencia totalmente inmersiva.  En parte cerramos los ojos dos veces. Primero lo hacemos para escaparnos de nuestra propia realidad, luego para creer que lo que se observa lo sustituye. Estamos en un estado de negación permanente que nos sirve como punto de inflexión. Con la práctica de las chucherías nos negamos cada día un poco más.

Las grandes corporaciones dilucidaron esta impronta del escape desde hace tiempo. Los Samsung Gear VR, el HTC Vive, las antiguas Cardboard (variante de cartón) e incluso el reciente Daydream View, entre tantos otros ejemplos que monopolizan el mercado. Lo que incentiva el consumo de estos aparatos (además de su funcionalidad) es su costo, los 80 dólares americanos de promedio permiten la accesibilidad a todo tipo de público.

Las plataformas virtuales están en la misma línea que los celulares de alta gama pero a un precio módico, símil a un accesorio portable. En esta línea resulta imposible pensar en un consumo virtual ajeno al smartphone debido a la dependencia de una pantalla en la cual nos veremos inmersos. Será prudente en tanto disponer de paneles en la máxima resolución posible, sobre todo porque a corta distancia el ojo es capaz de percibir algunos píxeles si su composición es escasa. 2K sería lo óptimo a la espera del hermano mayor.

Sin duda el camino más largo para que esta tecnología se introduzca en el mercado fue por las vías de la compatibilidad. Adaptar el contenido a la realidad virtual fue un reto interesante para los desarrolladores. No basta con ver un video con las gafas puestas, se requiere una percepción total del panorama, algo inmersivo que nos separe física y mentalmente de nuestra experiencia. Mientras más real sea, más verosímil será nuestra observación. No está de más aclarar que algunas páginas para adultos ya tienen desarrollo para estos dispositivos. Es cursi, pero sus dividendos lo refutan. Ver para creer.