Todos contra Teo

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“Es que quiero marcar goles”. Así contestó alguna vez Teófilo Gutiérrez cuando le preguntaron por qué caía reiteradamente en posiciones adelantadas durante los partidos. El desdén es la marca registrada de este barranquillero al que se le dio bien jugar al fútbol y va por la vida tirando gambetas y creando problemas.

“Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”, eternizó en la cultura popular Groucho Marx. A Teo el mail no le llegó, pues se mantiene fiel a sus códigos de conducta. Primero te pinta la cara jugando y después te saca de quicio hablando. “Es bipolar”, sentenció “Coco” Basile, quien lo padeció en Racing. A Teo poco le importa.

El fiscal penal y contravencional Jorge Ponce le labró un acta por incitación a la violencia luego del escandalete que provocó este domingo en la cancha de Boca cuando celebró su gol del empate haciendo el gesto de la banda riverplatense de cara a la parcialidad xeneize, algo que generó la ira del equipo local y terminó con el colombiano y Ricardo Centurión yéndose a las duchas temprano. En la salida hacia el vestuario, repitió el gesto. Porque Teo nunca cambia.

A las piñas por la vida

La primera imagen que tuvimos de Teo en el fútbol argentino fue la de un goleador certero, marcando dos tantos en cancha de San Lorenzo en uno de sus primeros juegos con la camiseta de Racing. Luego descubrimos que además de los goles, había detrás un delantero exquisito con una notable capacidad técnica y de lectura de juego. Al poco tiempo, vimos la otra cara de la moneda.

Mauro Dobler es hoy el arquero de Atlanta, aunque allá por comienzos de 2011 era suplente en Racing. En un entrenamiento, un simple cruce con Teo derivó más que en insultos en un par de trompadas al aire antes que sus compañeros llegaran a separarlos. Primer round.

“La Máquina”

Tras un semestre fructífero que lo tuvo como goleador del Clausura 2011, la segunda mitad del año comenzaría a mostrar su faceta más oscura. El escenario clave fue, paradójicamente, La Bombonera. El “Cholo” Simeone, por entonces entrenador de La Academia, había decidido darle la titularidad al colombiano en el decisivo partido frente a Boca, el cómodo líder del campeonato con el que Racing, escolta del torneo, buscaba recortar diferencias, a pesar de las demoras de Teo para volver a Argentina luego de un receso por eliminatorias. De Ezeiza a La Boca, y de ahí a las duchas.

Teo buscó un penal con el partido empatado y Néstor Pitana juzgó simulación. Al colombiano esto no le gustó y reclamó airadamente y pecheando al árbitro, quien no tuvo otra medida que expulsarlo. De camino al vestuario, se fue haciendo gestos a la tribuna, algo que le valió una contravención y una sanción económica. La vida de Teo es un círculo plano.

Pero la cosa no quedó ahí. Con el correr de las fechas, Teo fue convirtiéndose en noticia cada vez menos por sus goles y más por sus escándalos. Expulsiones absurdas y peleas se hicieron una constante ya en 2012, con Basile como entrenador. El “Coco” tuvo un último paso corto y poco feliz por el banco de La Academia que terminó de forma abrupta tras la derrota en el clásico en cancha de Independiente. Teo, una vez más, se fue a bañar antes del final del partido. En el vestuario, Sebastián Saja se lo recriminó y el colombiano respondió sacando un arma de paintball. “Sacó la máquina y no quedó nadie”, recordó años después el “Coco”. Teo tampoco se quedó; se fue del estadio en un taxi y, tras una breve escala en Lanús para jugar la Copa Libertadores, se fue al exilio.

Verdolagas

Luego de un paso por México y Colombia, Teo volvió al fútbol argentino para vestir la camiseta del club de sus amores, River Plate. Con Ramón Díaz en el banco de suplentes, el colombiano demostró lo mejor de su juego y contribuyó al primer título del Millonario en la vuelta a primera división. Ya con Marcelo Gallardo como entrenador, Teo mantuvo la tónica y celebró la Copa Sudamericana sin entrar en polémicas mayores.

En 2015, la historia se volvió a revertir. Su nivel bajó y se tornó un elemento cada vez menos indispensable para la estructura del “Muñeco”. En el cruce de la Libertadores frente a Boca, se hizo expulsar ingenuamente y se perdió el partido de vuelta, a la postre trunco por el gas pimienta del “Panadero”. Parecía que volvía a ser el de antes con una notable actuación en Belo Horizonte para superar a Cruzeiro y darle el pase a River a semifinales. Pero en el medio, parate por el mundial, y su continuidad bajo un manto de dudas.

“Si están los verdolagas, me quedo”, había advertido en tono de broma meses antes. El amor por la camiseta, la gloria deportiva, quedar en la historia del club. Teo cambió todo por los verdolagas y se fue a juntar euros a Portugal. River no lo extrañó. Llegó Alario y salió campeón de América.

Somos los mismos de siempre

Eduardo Coudet rescató a Teo del ostracismo portugués y lo trajo a Rosario Central. Las lesiones conspiraron para que el colombiano tuviera continuidad, pero este domingo tenía la gran chance de jugar en La Bombonera. Arrancó como suele hacer, jugando. Siguió como de costumbre, marcando un gol. Terminó como casi siempre, expulsado.

“No le pegó a nadie, no robó. Me parece que hay que ver cosas más importantes”, lo defendió el entrenador del equipo rosarino tras el partido. ¿Somos exagerados con Teo? ¿Le “pegamos” más porque es extranjero? Coudet tiene razón, en el fútbol argentino existen decenas de problemas más graves a los que prestarles atención antes que las inconductas de Teo. Pero también es real que el colombiano no contribuye a su defensa y agrega caos y confusión donde ya hay de sobra.

Estos son sus principios; si no les gustan, no lo contraten.