Todo volvio a la normalidad, desde el lado de Boca

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En el armado de este torneo inédito (¿primero y último?) de 30 equipos se decidió que la fecha 24 fuera la de los clásicos, cruzando el mismo fin de semana a eternos archirivales como River – Boca, Independiente – Racing, Rosario Central – Newell´s, Huracán – San Lorenzo, Gimnasia – Estudiantes, Lanús – Banfield y Colón – Unión, mientras que otros choques quedaban truncos por tener a alguno de los protagonistas en otra categoría, tal es el caso de Belgrano – Talleres (en el Torneo Federal A) o de Temperley – Los Andes (Primera B Nacional).

Lo cierto es que la pomposa fecha llegó y los partidos se jugaron, aunque eso sea sólo una forma de decir. Porque dejando de lado la goleada de Independiente, los encuentros fueron aburridos, con poco fútbol, pocos goles, mucho miedo y demasiada cautela. Y ese finalmente resulta ser el resumen perfecto de lo que fue lo supuesta joya de la fecha 24, el tan esperado River-Boca.

El segundo superclásico del torneo se lo llevó el xeneize, que ganó de visitante por 1 a 0 en un partido chato donde sobresalió más la rotura del tendón de Gago (que lo saca de las canchas por 6 meses) que el juego sobre el verde césped.

Gago sintió un fuerte dolor que lo tiró al suelo a los 15 segundos de haber comenzado el partido. Sin saberlo, su lesión iba a ser determinante para que Boca ganara, ya que por él ingresó Nicolás Lodeiro, un jugador de características mucho más ofensivas que el mediocampista de la Selección Argentina al que propios y ajenos cuestionan desde hace un tiempo.

A los 19 minutos, un pelotazo desde el fondo de Boca encontró la carrera del técnico de Boca, Rodolfo Arruabarrena, había pensado para enfrentar a River cambió a la fuerza desde un 4-4-2 a un 4-3-1-2, incorporando un hombre más al ataque y complicando al equipo millonario que en el primer tiempo nunca tuvo la pelota y se dedicó a raspar, algo que viene haciendo durante todo el ciclo de Gallardo, rapidito Sebastián Palacios, que con un centro al medio quiso darle el gol a Carlos Tévez en su regreso al superclásico. Barovero salió muy rápido y lo trabó, la pelota quedó boyando en el área y el uruguayo Lodeiro la reventó contra la red “con mucha bronca”, según palabras del propio jugador.

Gol de Boca, y nada más.

Por mérito del conjunto del Vasco o impotencia del de Gallardo, el ritmo bajó casi a cero y parecía un partido de pretemporada, donde las piernas casi no se levantaban, los laterales eran sacados al bulto y los pelotazos a la nada eran moneda corriente.

River tuvo dos situaciones en los 90 minutos, una por tiempo, en las que Lucas Alario le cabeceó casi al cuerpo de Agustín Orión quien, con buenos reflejos, se la sacó de encima para evitar el empate. Después, el partido transitó entre el intento tibio del conjunto local y la efectiva resistencia boquense, que al parecer cerró el partido después del gol. El equipo de la banda no supo replicar los buenos partidos que jugó en la Libertadores y que lo llevaron a ganar la Copa hace unos meses.

Tévez era la gran apuesta del espectáculo, pero estuvo desaparecido y con trotes cansinos, en sintonía de sus compañeros, aunque con su excelente habilidad para aguantar la pelota. Es verdad que su sola presencia en la cancha fue importante y demostró que antes no había ningún jugador de peso que pudiera, por ejemplo, discutirle al árbitro alguna tarjeta con autoridad.

Boca fue el ganador en varios aspectos. Se sacó la mufa de la eliminación por gas pimienta; volvió a ser único puntero; sigue sin perder en el Monumental desde 2010 y venció en el segundo superclásico jugado en este histórico torneo XL. Algunos dicen que los clásicos importantes no los ganó, otros dicen que este no lo podía perder.

En el folclore del fútbol, todos saben que siempre se quiere ganar. Y el pueblo bostero cree y siente, como su ídolo Carlitos Tévez, que con este triunfo “todo volvió a la normalidad”.