Superclásico con polémicas y pintado de azul y oro

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Nueve puntos de ventaja respecto al segundo y 12 contra el rival de toda la vida. En solo ocho fechas. Si la intriga era un valor para vender el producto Superliga, las empresas dueñas de los derechos deberán apelar a la creatividad, porque hay un líder que no para de ganar mientras el resto se consume en sus miserias.

Superclásico, parte I: intercambios de dominio

Lo anímico suele ser esencial en el fútbol -y en la vida-, pero en ciertos momentos cobra un valor mayor. Después de la eliminación impensada entresemana, con tres goles de ventaja y VAR mediante, la reactivación psicológica contra el clásico sería vital para River. Lo mismo para Boca, que llegaba con el envión del mejor arranque de su historia -siete triunfos seguidos- y una amplia ventaja en la tabla de posiciones. Por eso ambos salieron decididos a imponer sus condiciones.

River buscó hacer pesar la superioridad en el mediocampo para ganarle las espaldas a Barrios, y en varios tramos del partido lo logró. Por allí se filtraron Enzo Pérez y Nacho Fernández en el inicio para habilitar a Scocco, con la pólvora mojada. Boca encontró aplomo con el correr de los minutos, con Pablo Pérez como eje y Cardona como fuente de peligro con su pegada desde afuera.

La sobriedad habitual de Agustín Rossi se vio puesta a prueba con un par de errores evitables en salidas. En una, con el pie, le apuntó a Pity Martínez. En otra, con las manos, sacó en dirección de Rojas. Ambos probaron con remates de media distancia y no concretaron. Tampoco pudo Pity en su mejor acción en el partido con caño incluido a Fabra, cuando River dominaba en el juego y llegaba con peligro al arco rival.

Superclásico, parte II: Karate Kid

¿Habrá visto antes del partido la final del Mundial de Sudáfrica? Nacho Fernández imitó a De Jong y le asestó un planchazo asesino al pecho al pobre de Cardona. Pitana, a diferencia del juez inglés en aquella oportunidad, no tuvo más remedio que echar al mediocampista de River, que también había visto la roja el martes en Lanús. Fue el primer punto de inflexión en el juego. No solo por la expulsión, sino porque en el mismo tiro libre Cardona mostró su mayor virtud y le sacó lustre al ángulo del palo en el que estaba Lux, sin posibilidad de reacción.

De inmediato lo tuvo Pavón, pero Lux rebotó hacia afuera. Parecía que River entraría en un tobogán emocional y Boca dominaría con uno más, pero nunca ocurrió. Al revés; tras el golpe de la roja, el Millo se acomodó. Con la salida de Rojas y el ingreso de De La Cruz, el local ganó en dinámica y peso en tres cuartos, a la espalda de Barrios, quien se vio sobrepasado. Ponzio y Enzo Pérez pasaron a dominar el medio y el capitán de River mostró su capacidad para habilitar a Scocco en la jugada más clara del local en el juego. Rossi, impecable.

Superclásico, parte III: Pitanazo

Por mucho tiempo, Pitana fue palabra prohibida en Boca. Carlos Bianchi lo inmortalizó tras un córner mal cobrado que derivó en gol de Funes Mori para un triunfazo de River en La Bombonera. El árbitro mundialista, observado en detalle, venía llevando bien el clásico. Amonestó con criterio en la primera mitad, aunque se le escapó una tarjeta para Pablo Pérez. Con eso, más la roja de Nacho y el arrastre del martes, en el entretiempo Enzo Pérez, amonestado por una dura falta en el arranque, se quejó.

¿Influyó eso en el gran error de Pitana en el partido? Difícil saberlo. River no necesitaba del empuje, pues arrinconaba a Boca con juego. Pero Pitana falló. Creyó ver codazo en un suave manotazo de Cardona, exagerado con habilidad por Enzo Pérez, quien podría haber visto la roja por la infracción. Más absurda resulta la resolución después del brazo peligroso aplicado por Pity Martínez contra Nández en el final del primer tiempo.

Superclásico, parte IV: reparto de goles

La decisión de Pitana convenció a Boca, que ya jugaba cerca de Rossi, a acomodar dos líneas de cuatro frente a su arquero. El agujero en las cercanías de Barrios, explotado de forma intermitente por River, acabó siendo la fórmula del empate. Fue Ponzio, el líder espiritual del equipo, quien igualó el juego con un derechazo excepcional.

Como ocurrió luego del primer gol, el efecto anímico y futbolístico no se advirtió. Si en el primer tiempo Boca llevaba la ventaja y un jugador más, pero dominó River, en el segundo, tras el empate y con los equipos en igualdad numérica, el que golpeó fue Boca. Combinación Pérez-Pavón, asistencia exquisita del capitán y definición de primera de Nández, que desde la expulsión de Cardona jugaba como ocho. Otra vez en ventaja el Xeneize.

Superclásico, parte V: el final

Si Pitana cometió errores, sus asistentes mucho no lo ayudaron a enmendarlos. Maidana cobró mal una posición adelantada de Nández cuando el uruguayo se iba solo frente a Lux para aumentar la ventaja inicial. Del otro lado, Belatti cortó una situación que finalizaba en gol de Scocco por pensar que la pelota había salido. Paradojas del destino; era el empate y no fue córner…

Con River jugado en ataque, Boca pudo liquidar, pero no quiso. Pavón y Benedetto estuvieron irresolutos y hasta Fabra tuvo un par de chances mal definidas. También chocaron contra un Enzo Pérez épico con salvadas “mascheranescas”.

Un partido parejo en el balance final, con situaciones de gol y dominio repartido. Boca tuvo las acciones más claras, pero River manejó el juego la mayor parte del cotejo. Al cabo, la efectividad del Xeneize en momentos de inflexión (roja de Fernández, empate de Ponzio) terminó siendo el factor determinante del juego. El 2-1 sella un triunfo que acentúa la ventaja insólita de Boca en la Superliga y hace más hondo el pozo en el que se metió River el martes.

 

 

 

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