Se llora en privado

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Si hay algo que supe desde siempre es que llorar es un acto privado. Uno puede reír con cualquiera, pero llorar…Se llora solo.

Yo lloro sola porque cuando lo hago soy la versión más pura de mí. Cuando lloro se corre todo ese maquillaje que me disfraza de mujer irrompible, ese maquillaje que miente y me muestra templada, superada, omnipotente y en supuesta paz conmigo. Cuando lloro, sola, desarmada, mirándome a los ojos en el espejo, le doy respuesta a todas las preguntas que yo misma reprimo cada noche antes de dormir, meto el dedo en la llaga de cada una de mis inseguridades, de mis heridas abiertas, de mis fracasos constantes.

Cuando lloro estoy desnuda. Cuando lloro me duelo, me siento, me sincero. Cuando lloro sangro desde adentro hacia afuera todos mis infortunios, purgo mis culpas. Cuando lloro maldigo, celo, grito, razono, entiendo, me abrazo, extraño, escribo, me reprocho, sufro, me contraigo, me encierro, me arrepiento, me busco, me reconozco: soy frágil, chiquita, inútil, tengo los ojos llenos de angustia, incertidumbre, miedo, soledad. Soy pedacitos de algo que, por el rato, está muy roto.

Lloro hasta que me pesan los párpados, hasta que la máscara de pestañas me ciega y me arde, hasta que me falta el aire, hasta que la congoja me barre todo, algo, nada. Lloro hasta que me duele la mente, los recuerdos, los ojos, el cuerpo, el agujero en el pecho, el alma. Lloro hasta que se me duermen las lágrimas, hasta que no encuentro más sentido, hasta que recuerdo que al otro día voy a ser la misma y todo va a seguir en el mismo lugar, entonces, de pronto, no lloro más.

Por tanto, ¿por qué habría de compartir semejante ritual con alguien? Se llora solo, en privado, con ganas, con tiempo, en paz.