Scocco comanda la conquista más épica del ejército de Napoleón

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Pocas veces una historia que se pensaba teñida de épica, sufrimiento y sangre acabó siendo tan absurda, apabullante. Casi pornográfica. Necesitaba un milagro River, decían algunos.

Y sí, remontar un 0-3 en fase final de Libertadores es de mínima un desafío y de máxima una hazaña. Pero estamos hablando del River de Gallardo, uno de los mejores equipos de los últimos años. Y también de Jorge Wilstermann, el combinado boliviano al que un grupo de científicos deberá investigar sucintamente para determinar la cadena de casualidades que le permitió ganar por tres goles en la ida.

Gallardo y su tactica a lo Napoleon

Un desafío ameritaba un golpe de efecto. Gallardo lo sabía. Por eso pateó el tablero y metió mano a fondo en el equipo. Línea de tres en defensa con la entrada del juvenil Montiel. En el medio, todos: Ponzio, Nacho, Enzo y Rojas. Por afuera, Auzqui y el Pity para desbordar. Y Scocco de nueve, para olvidar para siempre Alario. Comenzó a hacerlo desde el inicio, aprovechando el desconcierto de los centrales para eludir al arquero y poner el primero.

Wilstermann salió con cinco defensores y cuatro volantes y la idea clara de defender como sea la ventaja de la ida. No resultó. La intensidad de River y la jerarquía de los futbolistas argentinos se llevaron puesta a la voluntad de los entusiastas bolivianos.

Que dejo el partido de Scocco

Scocco por dos y Scocco por tres; serie igualada en menos de 20 minutos y serie definida en los papeles. River tenía 70 minutos y todo el envión del mundo para ganar la llave. Wilstermann, el deseo irremediable de exiliarse en algún país africano.

Tras el tercero, el Millo se aplacó. Lógico; toda la semana pensando en hacer tres goles y el objetivo estaba cumplido en lo que dura un capítulo de The Big Bang Theory. Ese freno de River pareció coincidir con un asentamiento de los pies en la cancha para los bolivianos. Pareció nomás. A la primera de cambio, Scocco se puso el traje de asistidor y dejó solo a Enzo Pérez, que convirtió el gol de la clasificación.

¿Qué se dice en un entretiempo así? ¿Dejen todo preparado así rajamos rápido para el aeropuerto? Wilstermann estaba a un gol de la clasificación (sí, claro) y River a un gol de la eliminación. Así que ambos salieron con la tónica de la primera mitad: River a matar y Wilstermann a mirar. En 40 segundos, el chico Montiel justificó la decisión de Gallardo de darle la titularidad y dejó solo a Nacho para su cuarto personal, el quinto del Millo.

Ahora sí, serie liquidada. Lo supo Wilstermann, que en ese momento dejó en cuerpo y alma el Monumental y se trasladó física y emocionalmente a vaya uno a saber dónde. Como un tiburón oliendo sangre, River no perdonó. Tomó todas las ventajas que dejaron los bolivianos y así fueron cayendo los goles. El sexto, zurdazo de Nacho Fernández. El séptimo, de Scocco tras un flojo rebote del arquero. El octavo, corrida infernal de Enzo Pérez ante la atenta mirada de los rivales. Ni en un intercountry hay tantas facilidades.

Lo que viene, lo que viene

No fueron más porque River no quiso. Los cambios, el relajamiento lógico y seguramente un mínimo de compasión frenaron la cuenta en ocho. Pero Wilstermann ya había tirado la toalla mucho antes. Con la inyección anímica de una remontada épica, los soldados de Napoleón Gallardo se preparan para una nueva batalla. En semis espera Lanús, que igualó la serie con San Lorenzo en un blitzkrieg de 15 minutos, mantuvo la tensión hasta el final y se llevó la victoria por penales con Andrada como héroe. Escenario bélico: todo se definirá en la Fortaleza.

 

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