El sabio y el antropologo: La importancia de lo simple

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Entre viajes y travesías, un reconocido antropólogo se topó con un gran sabio. El erudito era un hombre de avanzada edad, cabellos blancos recortados y barba prolijamente acomodada.

Vestía una chaqueta larga de cuero que “hacían juego” con sus extraños lentes redondos. El antropólogo, en cambio, era un hombre de vestimentas elegantes y elocuentes.

Una tarde, ambos personajes tuvieron la posibilidad de compartir un café en un bar alejado del centro de la ciudad.

  • Estoy aquí — comenzó el antropólogo — para charlar acerca de las cosas importantes de la vida.

El sabio revolvió su café, meditó sobre la situación durante varios minutos y finalmente, con el café ya tibio, resolvió responder.

  • Nuestra charla dependerá de lo que tú creas es importante.

El antropólogo pudo darse cuenta de que la charla con aquél hombre de conocimiento no sería tarea fácil, así que decidió seguirle el juego.

  • Para mí, señor, todo es importante — creyó decir acertadamente.
  • Es por eso entonces que el tiempo nunca te alcanza.
  • ¿Acaso a usted sí? — preguntó con cierto enojo en su tono de voz.
  • Claro, porque me concentro en lo verdaderamente importante.
  • Dígame por favor qué es.
  • La simpleza.

La respuesta parecía capciosa, pero en realidad no lo era.

  • La vida es simple señor — continuó el sabio — tan simple como bella. Por eso uno de los grandes secretos del Universo es que debemos escuchar al corazón antes de que intervenga la cabeza. La vida es bella cuando es simple, y tediosa cuando se vive de manera compleja.

Con gran desconcierto, el antropólogo preguntó más por curiosidad que por oficio.

  • ¿Acaso no es una manera simplista de ver la vida?

El sabio esta vez miró, por la ventana del bar, un pequeño nido de pájaros que había sobre un árbol, y con una sonrisa en el rostro respondió sin apartar la mirada.

  • Claro, y por eso mi vida es importante… por eso soy feliz.