Oro con perfume de mujer

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La argentina Paula Pareto recibe la medalla de oro tras ganar la división de 48 kilos del judo de los Juegos Olímpicos.

Paula Pareto le dio la primera alegría a Argentina en Río 2016. Mejor dicho, ella se dio una alegría, la más grande de su vida. Porque después de consagrarse campeona mundial, se puso como meta llegar a lo más alto de un podio olímpico. Y lo hizo en Brasil, cerca de casa y frente a su gente. Así, entró en la historia al convertirse en la primera mujer argentina en ganar un oro olímpico.

La historia dirá que el sábado 6 de agosto de 2016 fue su día de gloria. Pero para ese día antes hubo cientos, miles de preparación. Desde esa mañana argentina de 2008, cuando al otro lado del mundo daba vuelta a su rival en el último segundo para ganar la medalla de bronce en Pekín y se subía por primera vez a un podio. O esa tarde oscura de Londres cuando saboreó la medalla y se quedó sin nada. Cuando pensó en el retiro, en que ya había dado todo y podía dedicarse a pleno a seguir estudiando Medicina.

Siguió estudiando y se recibió. Siguió compitiendo y ganó. En 2014, la japonesa Ami Kondo la privó de ganar el título mundial en la final. Cayó y volvió a levantarse, todavía más fuerte. Hace un año, en Astana, sintió la gloria en las manos al consagrarse campeona mundial. Pero no se quedó con eso. Tenía un objetivo en mente, el más importante de su carrera. Río 2016 estaba en su horizonte y hacia allí fue.

Hay muchos méritos en la victoria de la Peque. Ganó sus cuatro combates con técnicas, imponiendo superioridad sobre sus rivales, varias de las mejores del mundo en su categoría. Lo hizo frente a sus seres queridos, que a sabiendas de la cercanía y de que podría ser el último intento coparon Río para vivir su sueño junto a ella. Quedó en la historia, ya que consiguió la primera medalla dorada para Argentina en una jornada inaugural y se convirtió en la primera mujer argentina en subirse a lo más alto del podio en unos Juegos Olímpicos.

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Pero el mayor mérito está en el camino. En lo que se planteó como objetivo. Esta era la oportunidad, este era el momento. Con 30 años, en el mejor momento de su carrera, en Brasil, luego de ser campeona mundial. Fue por ello y lo logró. Hizo sonar el himno argentino en Río de Janeiro, puso a la celeste y blanca en lo alto del podio y ubicó al país en el medallero. Pero sobre todo, consiguió lo que se puso como meta. Porque sabía que estaba a su alcance y debía hacer todo para lograrlo. Y lo hizo.

Paula Pareto le dio la primera gran alegría a Argentina en Río 2016, pero no será la única. No es, de hecho, la única. En el segundo día de competencias, Juan Martín Del Potro provocó el mayor cimbronazo de los Juegos hasta el momento al eliminar a Novak Djokovic en la primera ronda del torneo individual masculino de tenis. Quizás tan importante como el qué fue el cómo. No solo le ganó al mejor del mundo, sino que lo hizo con el nivel que tuvo en algún momento de su carrera y las lesiones hacían parecer que no volvería a mostrar.

Las emociones siguen. Porque la selección de básquet con Manu Ginóbili debutó en gran forma y se anima a soñar, como los chicos del vóley que comenzaron su camino con una gran victoria ante Irán. En apenas dos días, la Peque provocó la primera gran alegría. Delpo, la segunda. No serán las únicas.