El niño que escuchaba a las plantas

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El niño hacía ya tiempo que hablaba con las plantas. Hablaba con los árboles, con las flores, con el pasto; pero también podía escuchar sus consejos, sus risas, sus historias; el de vez en cuando sentía sus abrazos y sus caricias.

En los días soleados. El niño se sentaba en el verde césped y al ritmo de sus fosas nasales podía purificar su cuerpo con la suave fragancia de la primavera.

En los días nublados, el niño permanecía en el interior de su cuarto y mientras se recostaba en su cama mirando el blanco techo. Le contaba cómo había sido su día a su pequeño bonsái.

Una vez, el padre del niño llegó cansado y estresado de su trabajo. Y le gritó sin razón alguna a su pequeño hijo. Este salió corriendo hacia el fondo de su casa y se abrazó fuerte a un eucalipto.

Las lágrimas corrían por las mejillas del pequeño, y eran recibidas por la suave corteza del eucalipto; con sus fuertes brazos sostenía el peso del niño cuando una fuerte brisa sopló en el cielo, las hojas del árbol sonaron con ritmo. El se secó las lágrimas, entró al interior de su casa y al mirar a su padre le dijo: – te perdono, el árbol tiene razón – concluyó.

– Los árboles no hablan – susurró el padre con cierto grado de asombro y una pequeña cuota de curiosidad.
– En eso también tiene razón el árbol – dijo el niño
– ¿A sí?- preguntó el padre – ¿En qué tiene razón? –
– En que has crecido tanto que te has olvidado de cómo escucharlos...