Los ojos del diez

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Cerramos el especial de la Copa América con un sabor amargo, dejamos el análisis desde el corazón de uno de nuestros cronistas.

 

La pronta respuesta es por haber perdido la copa, por dejar pasar una nueva oportunidad. Aunque si de verdad me preguntaran porque mi cara de velorio después de que Argentina perdiera por penales en la final de la Copa América respondería que por los ojos de Messi.

Dirán que estoy loco, pero a través de los ojos de un ser humano se puede percibir la esencia más pura de lo que siente. Y me agarra empatía, un nudo en la garganta que no puedo escupir. Una impotencia sobrehumana que busca alguna justificación, una explicación de lo sucedido. Tomo su lugar, me pregunto porque la vida puede ser tan injusta y tan exitosa al mismo tiempo, siento su tristeza, lloro sus lágrimas, eso me sucede al ver los ojos de Leo.

Aprieto el puño mientras escribo. Ahora los exitistas de nuestro país verán la función en primera fila de cómo los medios destrozan al ser más brillante de nuestra generación. Sin ningún preámbulo arremeten con el tipo que todos quisiéramos ser, así de introvertido, respetuoso y humilde.

A veces quisiera saber con qué criterio se habla de él, con que tacto se presume la objetividad ante él. Porque el argentino siempre tiene un problema, no le basta que Leo haya participado en los seis goles de la semifinal. Si no mete un gol no sirve, repiten a diario como si empujarla fuese lo más importante del fútbol.

Al ver los ojos de Lionel Messi puedo sentir sus pesares, su devoción por darlo todo por un país que solo es crítica. Porque ni siquiera puedo imaginar que hubiese pasado si erraba su penal, no tendría importancia que Higuaín la mandara a la estratosfera o que Banega defina como una niña de cinco años porque el titular de todos los diarios apuntaría al crack del Barcelona. Aún siendo el único en haberlo pateado correctamente es el responsable de la derrota, porque cuando las cosas salen mal las miradas van hacia un solo lugar.

Escribo en caliente. Porque desde mi lugar me toca discutir con miles de personas que no entienden que con sus críticas solo empeoran la situación. Nadie habla de que Di María nos volvió a abandonar en el partido más importante, todos hablan del rendimiento del diez. Como si ese diez no pudiera tener un mal día, como si el fracaso sea únicamente suyo. Me pregunto que gana cada imbécil que se nutre de su desgracia.

Por eso siento la tristeza de sus ojos, esa situación de no tener explicación, de no tener un porqué. Argentina jugó muy mal la final, sintió la presión del local y no demostró ni una pizca del nivel del cual dispone. Ahora, mientras los medios preparan su arsenal para despedazar a Leo, yo me remito a contemplar lo que le sucede. Que pasa por su cabeza, porqué se distrae, que siente, porque no aparece como debiera. Y al mirarle los ojos lo comprendo. Comprendo porque sus palmares escasean en Argentina y sobreabundan en Barcelona, y la respuesta es el respaldo.

Messi obtuvo varios títulos con la casa blaugrana, e incluso con equipos muy distintos entre sí. Cuando trato de encontrar las diferencias específicas entre esos equipos y la selección encuentro en primera instancia al talento, pero además de eso noto algo aún más fundamental, como dije antes el respaldo, en Barcelona Leo es libre, juega por amor al arte.

Si fracasa en el intento fracasa el equipo, fracasa Xavi, fracasa Iniesta. Porque nadie discute que sea el mejor jugador del mundo, pero allí se respeta a un todo. Nadie cayó en la monotonía de decir que Messi no pudo anotar en la final de la Liga de Campeones. Lo relevante es que el equipo ganó su quinta coronación en el viejo continente.

Y ahí vemos esa gran diferencia. Leo será Messi cuando el fracaso no sea solo suyo, cuando el triunfo sea compartido, cuando el resto del plantel sea igual de responsable que él.  Y de allí su tristeza, de allí el sobrepeso de los 43 millones de argentinos en cada eslalon hacia el área rival, al menos desde mi postura no encuentro la justicia en este relato y dudo en algún momento poder encontrarla. Porque los argentinos no merecemos a Lionel Messi, porque lo único que hacemos es opacar su figura en su camino al podio.

Dos subcampeonatos en donde fue elegido el mejor del torneo, esa vergüenza que lo abruma al momento de la condecoración le impidió recibir el segundo galardón, porque si lo recibe le pegarían aún peor que Medel en el terreno de juego. Deberíamos aplaudir ser contemporáneos de un ser tan mágico como Lionel Messi, no destruyamos a alguien que puede ser el mejor futbolista de la historia, no seamos argentinos al menos por esta vez.

Pongamos un ejemplo cuasi cercano, la selección de Alemania de la última década. Con una estructura de juego casi perfecta fue favorita de casi todas las competiciones que protagonizó. Todos fracasos indefendibles hasta su claudicación en Brasil 2014.

El subcampeonato de Corea-Japón en 2002, el tercer puesto de local en 2006, el subcampeonato de la Eurocopa en 2008, el tercer puesto en Sudáfrica 2010 y la eliminación en la semifinal de la Eurocopa 2012. Quien pudiera discutir a esa generación de “fracasados” luego de salir campeones del mundo.

En los ojos de Messi hay futuro pero hay cansancio y desazón. Quizás lo más prudente sea un descanso. Ya amenazó Javier Mascherano por lo que no sorprendería una símil decisión por parte de su compañero de club. Aunque sería muy triste su retiro definitivo de la selección a los 28 años porque sabemos que tiene mucho más por dar.

Pero también debemos ser condescendientes con Leo, nosotros no le dimos nada a él y él lo dio todo por nosotros. Intentó y fracasó por un país que como mencioné antes no le dio absolutamente nada. Leo tendrá su tiempo de gloria de eso no tengo dudas aunque sería apropiado empezar a germinar el poroto antes de tiempo.

Démosle un respiro al crack así como se lo dieron al seleccionado alemán, tiempo para mofarnos de que Lionel Messi fue argentino habrá de sobra, solo hay que saber esperar.