La mujer empoderada

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“Si una mujer estaba como directora de obra, tenía que saber mucho más que un hombre para ser considerada como autoridad”. Parece la realidad de hace un siglo y sin embargo es la declaración de la arquitecta Sylvina Enríquez (51). Si bien las problemáticas de género mejoran lenta pero progresivamente, cierto es que hay muchos vestigios presentes de aquel machismo acérrimo que negó y dificultó la vida profesional de las mujeres desde los primeros registros del mundo.

La RAE define la palabra profesión como el “empleo, la facultad o el oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución”. Resulta por inercia que ejercer una profesión no sólo implica cierta capacitación sino que conlleva la famosa participación en la toma de decisiones, fenómeno dispar a la hora de diferenciar hombres y mujeres.

Marina Juárez es asistente social, una profesión en la cual, según comenta, los puestos jerárquicos son ocupados en su mayoría por mujeres. En la misma línea explica que comparte el espacio de trabajo con hombres con profesiones de igual tiempo de capacitación, jerarquía e incluso similar nivel de compromiso, pero aún así son mejor remunerados. Los psicólogos ganan más en las instituciones y en los juicios interviniendo como peritos. Tienen honorarios regulados por los jueces más altos que las trabajadores sociales”, sostiene.

Esta no es más que una de las tantas muestras camufladas de la desigualdad de género en los ámbitos laborales. Despegarse plenamente de los modelos donde prevaleció el dominio masculino sigue siendo un desafío.

Hay profesiones y especializaciones con más o menos grado de empoderamiento de la mujer. Una ingeniera industrial dedicada al rubro automotriz es especialmente representativa de este caso. Para ilustrar esta situación, la ingeniera María Teresa Piccirini comenta que debió contar con el apoyo de su superior para hacer viajes mixtos siendo la unica mujer: “No querían que vaya ¿Cómo iba ir con todos los hombres? Pero mi jefe que era más ´open-mind´ dijo que era importante que yo estuviese y finalmente fui”, expresó y en el mismo marco agregó que en el área técnica donde ella trabaja es “exactamente lo mismo que las cosas las haga un hombre o una mujer”.

Nuevamente desde la postura de una profesión históricamente reservada para los hombres, la arquitecta Sylvina Enríquez explica que la mujer está más orientada a realizar “proyectos de obra”, mientras que la ejecución (estar en la construcción) fue usualmente terreno de los hombres.  “Si una mujer estaba como directora de obra, tenía que saber mucho más que un hombre para ser considerada como autoridad”, comenta la arquitecta.

A partir de sus propias experiencias, las profesionales coinciden en el valor agregado de la participación femenina: en palabras de la licenciada Juárez, “lo diverso es lo que enriquece, y la mujer es otra mirada, es otra participación” y enumera instancias claves como la conformación de proyectos, planificaciones y políticas sociales en lo cotidiano y en lo político. La Ingeniera Piccirini por su parte acompaña el aporte recomendando focalizar en lo que una mujer puede aportar en contraposición a los impedimentos culturalmente impuestos.

La equidad y la igualdad en todas sus formas y extensiones es una vieja materia pendiente. La cuestión de género es sólo uno de los caminos a pulir. Tal vez no haya mejoras sustanciales hasta en tanto los poderes que rigen una nación no sean ejercidos proporcionalmente tanto por hombres como mujeres.  Sin embargo, la sociedad y especialmente los jóvenes trabajan mucho más integralmente que hace, por ejemplo, 50 años y esto es bastante esperanzador.

“Al tener la juventud una mirada de equidad es que pienso que empezó una transformación que va a continuar  y que se va a fortalecer”, expresó la arquitecta Enríquez, muy alentadora.