Keep Calm and Eat Sweet

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“¿Por qué nada tiene un fin práctico?” pregunta Mike Tevee  a Willy Wonka  mientras viajan en el increíble ascensor transportable, y son bombardeados por bolas de caramelos que estallan en fuegos artificiales de mil colores, disparados por Oompa-Loompas, pigmeos africanos amantes del cacao. Al comentario inquisidor  de Tevee, Charlie responde: “Los dulces no necesitan un fin práctico, son dulces”.

Para los habitantes de zona sur hay partes de Capital que por distancia o desconocimiento son un total misterio. Lugares cargados de asombro, misterio y sorpresas. Por ejemplo,  nombrar Palermo viejo o “Palermo Soho”, este lugar genera ideas de gastos excesivos, autos caros, gente de clase alta que no tiene miedo de mostrar que está por encima del resto de los argentinos en la cadena capitalista de alimentos.

Palermo Soho es el lugar ideal para que peronistas ajusticien oligarcas, pero esa reflexión no tiene mucho lugar en este artículo. Dentro de tanto dólar, palabra en ingles y precios inimaginables, para la mayoría de mortales existe un pequeño y recóndito lugar donde las palabras golosinas y medicamentos se llevan de la mano, casi tanto como amantes nuevos.

Dr. Candy es un negocio chico, que cumple con esa premisa de que lo bueno viene en porciones chicas. Pero lamentablemente se acaban en el momento justo.

Este reducto del placer dulce esta en Pasaje Santa Rosa 4985. Presenta una idea nueva, fresca y copada. Es una dulcería, como podría ser cualquier empresa dirigida por Willy Wonka, donde se pueden encontrar desde chocolates normales, hasta las gomitas más raras creadas hasta el momento. La vanguardia del dulce esta en este lugar.

Otro concepto interesante es la forma de servirse los dulces. Con cada artículo que se compra se agrega una pequeña receta con indicaciones, modos de administración y advertencias para completar la ilusión.

Como su nombre indica, los caramelos no solo se compran, se colocan en diferentes artículos hospitalarios. Desde píldoras gigantes, hasta pastilleros y botiquines. Uno elije el tamaño según su antojo y lo rellena libremente con lo que se le ocurra. Uno paga por el envoltorio no por la cantidad.

Los dueños de esta idea son Deborah y Gastón. Quienes remarcan que “hace falta dejar de preocuparse y dedicarse a las cosas dulces de la vida”. Y en el concepto de servir gomitas, chocolates, malvaviscos o chupetines como parte de una receta médica alegran tanto a niños como a grandes, quienes enamorados por la producción, se entregan al juego sin pensarlo dos veces.

Si en algún lector o lectora pierde contacto con aquella voz inocente que tiene en su interior, Dr. Candy se encarga de recuperar el contacto. Con una gran paleta de dulces y alegrías ellos se van a asegurar de que recupere su salud y alegría en pocos bocados.

La gran lección que deja este lugar es: En caso de emergencia, mantenga la calma y coma dulces.