Jovenes Extraordinarios: El caso de Juan Pablo Ferreyro

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Esta entrevista es especial, y le recomiendo al lector que se tome su rato para leerla, disfrutarla y entenderla. Me veo obligado a romper con la pared propia de la nota para contar lo especial de esta entrevista, porque Juan es ademas de un gran artista, un amigo, un personaje que lucha constantemente por generar conciencia, por compartir su enfermedad y enfrentarla. Sin más, un gesto en el mes mundial de la diabetes.

E: Contame cómo es tu convivencia día a día con esta enfermedad

JP: En mi caso, es algo que ya lo tenés totalmente asimilado, entonces cuesta el día a día. Lo tenés tan incrustado que es como respirar, a tal punto de que te olvidás de eso. Pero cuando llega el momento de hacerte el análisis, es como que los resultados no acompañan eso.

Básicamente, mi rutina empieza cuando me despierto y me mido la glucemia con las tiras reactivas. Yo personalmente uso las tiras One Touch y también el medidor de esa marca pero existen otras. Después de medirme y fuera del valor que me dé, me doy una cantidad precisa de insulina que es de larga duración, es decir, que hace efecto durante todo el día.

Y después, si tengo alta la glucemia (más de 120 ó 130 de azúcar en sangre) uso una insulina correctiva, a la que los diabéticos le llamamos rápida porque te baja la glucemia en una hora. Esa es mi rutina, después, si estoy en el trabajo o voy a salir, siempre es bueno andar con esos elementos encima para llevar el control de la glucemia.

E: ¿Cómo surgió la idea del arte diabético?

JP: Soy diabético desde los siete años y es muy dramático que te pase desde que sos chico. Yo estuve un mes hospitalizado y no entendía por qué me estaba pasando eso, por qué tenía chicos al lado con enfermedades peores pero que estaban igual que yo. Eso fue en el año ’97, que fue un año clave para mí, y es el día de hoy que todavía lo recuerdo. Y ahí arranca todo. Empezaron los complejos, complejos psicológicos. Yo era un chico normal y de pronto empecé a tener problemas. Fui al psicólogo a los ocho años y mis problemas cada vez se fueron intensificando (incluso, al día de hoy todavía arrastro muchos de ellos).

Pero a eso de los diez u once años descubrí mi vocación por las Bellas Artes: empecé un curso de dibujo y pintura en Adrogué, en donde vivo, pero dejé de ir a los seis meses porque me aburría, recién a los 17 ó 18 años, en la escuela, me di cuenta de que podía conceptualizar ciertas situaciones, ciertos momentos, también me percaté que cuando me proponían un desafío desde el plano artístico, no me estancaba, no me salía decir ‘No puedo llevar la realidad a un ámbito más conceptual’.

Y fue ahí cuando me empecé a dar cuenta de que no sólo ya tenía más o menos fijada mi vocación por el arte sino que también supe que me gustaba todo lo que era el arte conceptual. No me gustaba el arte figurativo y la naturaleza muerta, por eso es que duré tan poco en un taller convencional de dibujo y pintura.

E: ¿Qué tipos de diabetes existen?

JP: Existen dos diabetes: la Diabetes Tipo 1 –que es la que tengo yo- se adquiere desde los cero años y puede aparecer hasta los 35 años, sobre todo si hay antecedentes o si la mamá es diabética; y la Diabetes Tipo 2 es la que le aparece a la gente grande, ya sea por obesidad, por estrés o por embarazo (esta última se llama Diabetes Gestacional y te puede agarrar durante el embarazo y después no más o se puede quedar). La Diabetes Tipo 2 es más difícil de controlar porque es con pastillas y se puede complementar con insulina. En cambio, la Diabetes Tipo 1 se puede medir con tiras reactivas, que son un punto crucial en mi actividad artística (de hecho, mi última muestra se basó en obras hechas con las tiras reactivas One Touch de la marca Johnson&Johnson), y se necesita vivir de la mano de la insulina. Yo soy insulino-dependiente.

E: ¿En qué artista o vanguardia artística te inspiras?

JP: No tengo un estilo propio, porque si a los 25 años digo que tengo un estilo propio ya sería un egocéntrico importante. Yo lo que siempre defiendo es la autonomía de hacer lo que yo tenga ganas y también miro mucho por internet. No me gusta ir a exposiciones porque me parecen más eventos que exposiciones, ahora se priman ciertas cosas que a mí tanto no me gustan. Entonces, veo muchísimo por internet.

Un nombre de artista no te podría decir ahora, pero sí soy consciente de que el arte con la sangre viene desde la Prehistoria y si me tengo que comparar con alguien, es con el hombre de la Prehistoria, que usaba la sangre en la cueva para dejar un rastro simbólico. O sea que ningún artista del siglo XIX y del siglo XX inventó nada con la sangre, sino que somos una continuación del hombre primitivo. Hay muchos artistas que pintan con sangre, pero no hay nada establecido.

En mi caso, mi enfermedad es la que me exige y me da el pretexto para trabajar con la sangre, pero hay mujeres que por ejemplo usan el tema de la menstruación y literalmente usan la sangre de la menstruación. Con esto quiero decir que una cosa es usar sangre y otra distinta es que la sangre tenga un trasfondo, porque si no yo puedo usar mi pelo y hacer arte con pelo o hago arte con fideos o con galletitas, pero si no tenés una fundamentación me parece que pierde sentido. Para eso usá óleos. Yo con la sangre cuento, literalmente, mi historia.

E: ¿A qué aspirás llegar con la campaña que estás haciendo en Facebook?

JP: Esta campaña es una decantación de todo lo anterior porque ni siquiera estaba planeada, ni siquiera estaba pensada en ser llevada al ámbito online. Yo hace seis años que vengo trabajando con sangre porque antes no me lo permitían: mi mamá no quería saber nada con que haga esto y los médicos me lo han prohibido. No es bueno porque la cantidad de sangre que yo desprendo en cada obra, que es poca, el cuerpo tarda tres meses en regenerarla. No es conveniente porque en un caso extremo quizás tenés que llegar a una transfusión.

Esta campaña surge con la utilización de la sangre. Después empiezo a hacer una síntesis y veo que a mí me interesa utilizar la sangre y no el medio en el que yo desprendo ese fluido, por eso comienzo a pensar en tácticas sobre el lienzo para decirle a la gente que eso que ven es lo que día a día yo utilizo.

Ya en el 2011 se me ocurrió contar la crónica de un día mío y pensé en las fichas, que se usan para hacer un registro y contar algo de alguien. Esa fue la primera decisión que tomé: elegir el medio, elegir la ficha. En su momento compre dos mil y pico de fichas rayadas. En un principio, comencé a extraerme una gota de sangre todos los días y la esparcía sobre una ficha dándole una forma aleatoria, nada raro. Iba a dejar una huella, a dejar un registro de eso. Así surgió la primera obra, porque son dos las que hay.

La primera la hice sobre hoja rayada, pero no me gustó porque pensé que la rayita de la ficha iba a distraer al espectador y yo quería que a sangre fuera la protagonista. Era una locura mía, por eso busqué si existían fichas de papel lisas. Y cuando las encontré, compré aproximadamente dos mil fichas, las manché con mi sangre, las puse adentro de una caja de cartón vulgar y después me dije ‘¿Y esto cómo lo muestro?’. Ahí nació la campaña, pero pensé que no me iba a dar nadie bola porque soy un anónimo en el mundo del arte y en el mundo de la diabetes. ¿A quién le van a interesar dos mil fichas ensangrentadas de un diabético más? Tenía casi cuatro mil muestras de mi sangre pero no tenía ganas de ir casa por casa y decir ‘Hola, soy diabético, ¿tenés ganas de mostrar mi obra?’.

No tenía sentido, ¿qué iba a conseguir, exponerlo en una galería y que fueran 100 ó 200 personas? Yo quería que esto sea, de alguna manera, masivo. Y lo masivo son las redes sociales. El tiempo que me llevó es incalculable, porque vos fíjate que la diferencia que hay entre la ficha real y la digital es grande, hay cosas que se ven en la versión digitalizada que no las llegás a percibir ni siquiera con lentes en la ficha real, yo mismo me sorprendí porque si observás la versión digital vas a notar que la sangre se resquebraja si la mirás muy de cerca, a pesar de que sea una solución al agua y de que el papel es apto para eso (porque si la hubiese hecho sobre plástico, el material se hubiera descascarado totalmente). Es loquísimo de ver, fuera de las interpretaciones que le podés dar a cada mancha de sangre. A mí me atrae la imagen, me gusta ver la imagen.

E: ¿Qué repercusión conseguiste?

JP: Por ahora estoy enviando muchos mensajes a muchas personas del mundillo del arte y no me dan ninguna opinión al respecto. Pero sí estoy contento porque durante este mes ya me confirmaron tres notas para tres cuentas de Facebook de arte, que es a donde me interesa apuntar. No me interesan las páginas de diabetes. Creo que los diabéticos le escapamos a la enfermedad, ya nos cansa ver diabetes en Facebook y en Twitter, ya no queremos ni escuchar la palabra. Pero muy de a poco, porque hace un mes que empecé con esto, hay páginas que todavía ni leyeron mi mensaje. De ArteBA, por ejemplo, me respondieron, pero tenés que ser representado por una galería para exponer en la feria. Igualmente me sorprendió que me hayan respondido por mail porque no dejo de ser un NN para el mundo del arte. Pero no deja de ser una caricia que te respondan desde el mundo del arte.

E: Si vos tuvieras todos los recursos para exponer (el renombre, el representante, la galería), ¿qué te gustaría hacer?

JP: Eso me lo preguntó casualmente una de estas páginas. Desde ahí me dijeron que escriba una gacetilla especificando a dónde y a qué cosa apunto. Hace un mes, yo hubiera dicho que apunto a exponer en la mejor galería de arte de Argentina. Hoy te digo, humildemente, que aspiro a la difusión online y espero que se me dé, porque sé que llega a todos, incluso al que no le gusta el arte. Yo quiero difundirlo no por una cuestión de egocentrismo, sino porque la palabra que se esconde detrás de todo esto es concientizar, tiene ese trasfondo la obra que estoy difundiendo, porque es la obra, no mi obra, no tengo tanta obra porque me cuesta mucho.

¡Me duelen los dedos cuando me saco la sangre! Ahora ya se cumple un mes de que terminé con las fichas estas. A mí no me gustan otros medios: no me gusta el óleo ni el acrílico, a mí me gusta la sangre, mi sangre.

Mi hermana mayor, que trabaja en un laboratorio, me dijo que vaya a que ella me saque sangre así me resulta más fácil, pero yo le dije que no. Yo me voy a sacar la sangre como me la saco normalmente, no me voy a mentir ni a mí ni al espectador. De hecho, si alguien me propone recrear una performance de la caja con las dos mil fichas, yo la hago y te la recreo. Soy capaz de llegar a cualquier lado con la sangre, no tengo límites: si me tengo que desmayar por falta de sangre, no importa; es la importancia de mostrar el fluido que nos mantiene vivos, y más para un diabético, porque es la que nos permite llevar el control de la enfermedad y es lo que más gastamos.

E: ¿Sos capaz de ponerte muy en juego con tal de dar un mensaje?

JP: Sí, definitivamente. Yo siempre digo ‘No tengo nada que perder y tengo todo por ganar, ¿qué me cuesta dar una gota más de sangre?’.

E: Si tuvieras que elegir una galería para exponer, ¿cuál elegirías y por qué?

JP: Más que una galería, elegiría bienales, particularmente, la Bienal de Venecia, porque es la ventana del arte hacia el mundo. Apunto más que nada a ferias de arte. Tenés por ejemplo una que se llama Fritz Art, también está Arco Madrid… son lugares en donde todo el mundo del arte confluye ahí.

Pero si me decís en Argentina, el sueño de todo artista argentino es exponer en una galería que se llama Ruth Benzacar, que es la más importante de acá. Si te agarra Orly, que es la hija de Ruth, (la fundadora) que ya murió, te catapulta hacia la gloria, es como decirle ‘Agarrá mi obra que yo me voy a trabajar’ y la mina te lleva a todos lados.

Si te agarra alguien de ahí y te hace formar parte del staff, te olvidás de ir a tocar puertas. Pero, hay una realidad, no es fácil. Por eso, esta campaña surge también ante esa dificultad: fue como olvidarme del mundo de las galerías y “cortarme solo”, porque no veía por dónde entrar, sería como ser indie pero casi obligatoriamente, porque ves que no te queda otra: o te cortás solo y te difundís solo o te morís en el anonimato y que no te conozca tu obra ni tus amigos de Facebook. Y yo no voy a permitir eso.

E: ¿Ves a tu obra como tu legado a futuro?

JP: Totalmente, porque representa lo que soy yo. Creo que si algún día me muero, esto es literalmente lo que soy yo: porque si uno hace una pintura con óleo, con pasteles, con grafito o con arte digital, está tu huella, de alguna manera, en cuanto a estilo, pero si uno le hace un ADN a eso, ahí no estás vos; en cambio, si uno agarra una de mis fichas, hasta me puede clonar, si quiere (risas).

Porque mi obra está compuesta por fichas de papel. Después cuento con un lienzo, que es complementario a esta obra, (y que me gustaría mostrarlo en un lugar copado cuando se dé la oportunidad) que lo tengo enrollado en mi casa sin enmarcar. El lienzo mide tres por dos metros, y la misma cantidad de sangre que vos vas a ver en esa caja está explayada ahí.

Eso me gustaría colgarlo en una pared austera, aunque si no te gusta la sangre, te puede llegar a dar ganas de vomitar; pero si te gusta, sería bueno exponer el lienzo con la cajita de fichas al lado. Una sería la versión resumida y el lienzo sería el año de vida de un diabético; toda esa sangre gasto yo en un año

E: ¿Cómo es tu relación con la muerte? ¿La imaginaste alguna vez?

JP: La verdad es que muchas veces la gente piensa en morirse o siente ganas de morirse: existen contextos o coyunturas que no hacen más que hacerte pensar en la muerte. A veces la veo como una solución a mis problemas y otras veces pienso que yo no debería dejarme morir, y créeme que puedo dejarme morir, porque si no me doy la insulina una semana, me muero.

Es fácil: en mi caso no hace falta cortarme una vena o pegarme un tiro. Todo circula en torno a la diabetes: mi obra, la posibilidad de matarme algún día, no matarme, darme a conocer al mundo mediante mi enfermedad. Yo soy mi enfermedad, y se volvió protagonista. Así como en la rutina pasa a un segundo plano, en mi arte pasa a ocupar un primerísimo plano, se vuelve como un recordatorio. Porque es eso la diabetes, el recordatorio de un padecer, de que algo malo tenés en tu cuerpo.

Y yo gracias a Dios encontré la manera de revertirlo mediante el arte, si hay alguien que tiene el mismo padecer que yo y siente que lo está desbordando y no sabe cómo sublimarlo, yo quiero decirle que lo pude hacer mediante el arte, porque la campaña es eso: mostrarte que una enfermedad no te puede superar a menos que vos dejes que te supere.