¿Estamos listos para Trump presidente?

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El candidato incomodo que puede ser presidente

En unas horas un empresario ultranacionalista puede llegar a ser elegido Presidente de Estados Unidos por los próximos cuatro años. Su increíble ascenso es el resultado de un largo período de deterioro generalizado de aquellos valores que el Imperio Norteamericano se encargó de propagar por todo el mundo durante las últimas décadas: El “sueño americano”, la movilidad ascendente, la certeza de que con esfuerzo y determinación en Estados Unidos todo es posible.

Sin duda, Trump ha sido altamente efectivo en identificar y capitalizar la frustración y el enojo de segmentos del interior profundo de Estados Unidos que han visto sus condiciones de vida estancadas o deterioradas durante las últimas décadas, particularmente desde la irrupción de las políticas neoliberales más extremas y el avance de la desindustrialización que se profundizó a partir de la crisis financiera de 2008.

Paradójicamente, la política económica propuesta por el empresario no va a ser nada más que empeorar la situación. El eje económico de su programa es reducir los impuestos a los ricos y esperar el derrame. También propone revocar el programa sanitario Obamacare que otorgó cobertura a más de 20 millones de personas. Alimentado por el lobby de la Asociación Nacional del Rifle, rechaza regulaciones básicas para el uso de armas de fuego.

El discurso xenófobo del magnate, inscrito en el clásico faccioso de culpar al inmigrante, principalmente los latinos, de las crisis económicas iba a resultar fundamental para mantener la candidatura de Trump en primer plano. El candidato ha soportado críticas furibundas de los medios de comunicación y sin tener el apoyo de los dirigentes más importantes del Partido Republicano ha logrado mantenerse firme en los sondeos preelectorales. De hecho, la gran ventaja que lo separaba de Hillary Clinton se achicó en la última semana hasta un virtual cabeza a cabeza entre ambos candidatos.

Sin embargo, lo más importante para nosotros es que las relaciones norteamericanas con el resto del mundo pueden cambiar con respecto a aquello que plantea Clinton. El candidato republicano ya aclaró que Estados Unidos no debe perder tiempo ni dinero en brindar seguridad a otros países sino concentrarse en su propia seguridad. En los últimos días dijo en un acto de campaña: “Vamos a dejar de tratar de construir democracias extranjeras, derrocar regímenes e intervenir imprudentemente en situaciones donde no tenemos derecho de estar”. Además, pueden quedar descartados los tratados de libre comercio como el Transpacífico, en el que el Gobierno argentino planea entrar.

Podemos decir sin duda que afuera de las fronteras del Imperio estamos listos para que Trump sea Presidente, dentro de ellas no estaríamos tan seguros.