El marketing es una ciencia

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Están en la calle, en televisión y radio, en internet y en los diarios, en los transportes públicos, en los aeropuertos. En los semáforos, los edificios y las autopistas. En todos los lugares, a todas horas, y hasta a veces sin darnos cuenta, podemos identificar un anuncio publicitario.

Casi siempre sin querer, estamos sumergidos en una sociedad de consumo donde se invade nuestro cerebro de información, de productos y servicios, utilizando estrategias claramente destinadas a crear necesidades en donde no las hay.

Entonces me atrevo a decir que la publicidad modifica, moldea y corrompe el sistema de valores del hombre actual promoviendo una concepción materialista de la vida, donde el dinero tiene un valor mas que superlativo.

Así, todo parece poder resolverse con solo comprar un producto, usar un servicio. Así, la felicidad depende de la gaseosa y la amistad, de una cerveza.

En una investigación realizada en 1.972 habitantes de Palo Alto, California, y publicada por los estudiantes de Sociología de la Universidad de Stanford, se concluye que este “bombardeo marcario” está destruyendo la esencia de la “democracia de ciudadanos” (el contrato social) y se ha ido remplazando por una “democracia de consumidores egocéntricos”.

La publicidad, entonces, está contribuyendo, y de manera fundamental, al desarrollo, crecimiento y expansión de una sociedad apoyada en el consumo y que sostiene sus necesidades básicas en productos que realmente no necesita. En tirar lo usado y en la obsolescencia programada. Una sociedad que separa cada vez más a los que tienen de los que no tienen. A los que pueden de los que no pueden.

El marketing, ergo, es una ciencia. El negocio de la información y la creatividad que se crea con la finalidad de promover la venta de bienes, servicios, es la forma de comunicación que las pequeñas, grandes y medianas empresas deben usar para inducir el comportamiento de sus clientes potenciales. Está diseñado para persuadir a una persona para que adquiera un producto o servicio

La publicidad es, sin dudas, nociva para nuestra vida individual y fundamentalmente social. ¿podemos dejar de verla? ¿podemos frenar ese deseo de necesidad que nos produce?. Todo depende de nosotros mismos.