El amor cuando somos niños

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Muchas veces las personas recurrimos a recuerdos de nuestra infancia para distraernos en una tarde lluviosa de un domingo aburrido, y eso fue lo que me sucedió a mí pensando en el amor. En ese divagar por los mares de la memoria, recordé una escena muy bella de mis primeros años. No creo en las casualidades, y el haber recordado el momento que estoy a punto de plasmar sobre un papel no es una mera coincidencia del destino.

Cuando tenía cinco años iba a la sala verde del prescolar de un colegio muy importante de la zona sur de Buenos Aires. Era un colegio muy estructurado, de confesión católica… un colegio de monjas. Rara vez sucedían cosas fuera de lo común en el colegio. Pues todo estaba diseñado para no salirse de la media, pero un día sucedió.

Recuerdo que la señorita Liliana nos había repartido a cada uno de los pequeños alumnos una hoja en blanco y varias témperas con sus respectivos pinceles para confeccionar un dibujo basado en nuestra imaginación. Luego de varios minutos de dibujo.

Di por terminada mi obra: era un pequeño niño columpiándose en una hamaca. Recuerdo que para ese entonces estaba aprendiendo a hamacarme solo, también recuerdo que estaba esperando una hermana. Pensaba que mis días de jugar solo estaban llegando a su fin. Luego de que todos los alumnos termináramos los dibujos.

La señorita Liliana pasó por las mesas con una lapicera azul y una pregunta: ¿Cuál es el nombre del dibujo?
Recuerdo las sensaciones que experimenté en el instante de la pregunta. Porque me tomó por sorpresa, y lo fundamental de este recuerdo es el nombre que elegí para el dibujo— El amor —.

¿Cómo puede un niño de tan solo cinco años nombrar un dibujo con la palabra amor? ¿ Puede un niño de tan solo cinco años utilizar la palabra amor frente a una pregunta tan simple? ¿Cómo puede un niño de tan solo cinco años hablar acerca de algo tan abstracto?

Quizá los adultos hemos crecido complejizando las cosas, y en ese “crecimiento” nos alejamos de la verdad, del origen, del Todo. Sólo quienes nos atrevemos a nadar en los recuerdos de nuestros primeros años tenemos la capacidad de recordar.

Acordate que alguna vez fuimos sabios. Recordar que alguna vez fuimos puros, recordar que alguna vez escuchamos a nuestro corazón antes de que intervenga nuestra cabeza.