Cuphead, analizamos la sensación del momento

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Tres años de larga espera para aquellos usuarios que ya sospechábamos de su excelente potencial. Cifra excesiva para este tipo de juegos, aunque algo normal si lo comparamos con una súper franquicia repleta de hype. Aunque la intención de mis párrafos no desea caer en la redundancia de la demora, parece ser que Cuphead es uno de esos ejemplos en los cuales cada segundo de espera será recompensado a partir de ahora.

¿De que trata Cuphead?

La estética de los años treinta es sin lugar a dudas lo primero que observamos en primer medida, el nivel visual es extraordinario, realmente nunca antes visto. Se nota que cada apartado ha sido trabajado con mucho amor y dedicación, no es uno de esos juegos que inferimos múltiples updates que de a poco nos vaya aflojando la soga al cuello. Su diseño a la vieja escuela nos remota a los tiempos en los cuales Disney era palabra mayor y no existían cadenas que compitieran por su trono. Momentos nostálgicos que más de un player sabrá apreciar.

Un juego con una estetica unica

En la práctica no nos podemos reducir al apartado visual, si bien es lo que más destaca debemos recordar que solo con eso no podemos retroceder en el tiempo. Cuphead, a diferencia de muchos otros títulos que compiten en este segmento es una muestra explícita de escandalosa dificultad.

Preparate para un desafio enserio.

El juego es difícil en serio. Habrá momentos en donde vamos a depender de nuestra memoria visual y a respetar una serie de patrones para no morir en el intento. Asi, solo aprendiendo los niveles paso a paso seremos capaces de avanzar al siguiente.

Eso lleva a una experiencia de prueba y error en donde nos abrumará la excesiva tasa de mortalidad de nuestro personaje, no obstante eso genera una sensación única, nos invita a volver a intentarlo una y otra vez. Cuphead juega con eso y está muy bien. La sensación al concretar un nuevo reto es sumamente gratificante.

StudioMDHR es la compañía independiente que produce este juego, fundada por los hermanos Moldenhauer. El estilo “Run & Gun” es único en Cuphead, nos lleva a esa sensación frenética de la infancia que en la actualidad es tan difícil encontrar. Ni hablar de cada uno de los “Boss” finales que debemos enfrentar en cada nivel del juego cuya complejidad irá incrementándose con el avance del mismo. Ojo, estos jefes nos harán acordar varias veces de la madre de los Moldenhauer.

La historia 

La narrativa del juego es simple, sin demasiados cuestionamientos lógicos. Cuphead y su amigo estaban de racha en un casino cuyo dueño es el mismísimo diablo. Este les ofrece una última apuesta, si ellos ganan se quedarán con el casino, aunque si pierden tendrán que despojarse de sus almas. Obviamente los dos aventureros pierden como en la guerra y para compensar su derrota deberán recuperar otras almas que están en deuda con el diablo. Algo turbulento en palabras escritas aunque sumamente monótono y gracioso en la práctica del título.

Cuatro mundos en el mapa, más de treinta jefes finales. Cuphead es una amenaza constante por donde se lo mire, inevitablemente debemos emplear demasiado tiempo libre para concluir el desafío. Será imposible por tanto que olvidemos de qué manera hemos superado a cada uno de esos desafíos. Nos costará tanto ganar que en el momento en que lo logremos se nos quedará impreso en nuestras retinas.

Plantas asesinas, ranas boxeadoras, aviones bailarines, golosinas macabras. Además montañas rusas alocadas y demás ejemplos que nos darán más de una jaqueca a diario. Quedan advertidos, Cuphead es un juego que rebalsa de personalidad gracias a su estética sin igual. No obstante es un verdadero reto no apto para amateurs de la plataforma. Paciencia, Cuphead sabe muy bien como alimentarse con nuestra desesperación.