Chinatown

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¿Pueden dos goles valer 40 millones de dólares? Probablemente la pregunte pase por la cabeza de Carlos Tevez mientras dure su maratónica fiesta de casamiento a fin de año en Uruguay. En la semana en la que dio a conocer las dudas sobre su futuro debido a una millonaria oferta desde el fútbol chino, el Apache se convirtió en genio, ídolo y figura del superclásico, en sus palabras, el “casi último” de su carrera. Tevez fue el factor determinante en el resultado de un partido que quedará en el recuerdo como uno de los clásicos más atractivos de los últimos tiempos.

No era improbable que a diferencia de ocasiones previas, este River-Boca tuviera un trámite abierto. Por un lado, las características de los equipos. Ambos son conjuntos ofensivos que agrupan jugadores de buen pie y tienen como prioridad la tenencia del balón y el ataque frontal, pero que a la vez sufren en demasía en defensa. Por el otro, el contexto. Los dos llegaban en un momento dulce y con mucho más para ganar que para perder.

Así se dio. Desde el comienzo, las dos escuadras salieron con intenciones de tomar la iniciativa. En el duelo táctico, Boca se impuso primero con la posición de Tevez alrededor de Leo Ponzio. Carlitos sacó el primer conejo de su galera y en la nueva función de enganche-asistidor dejó mano a mano a Pavón, que falló en el control orientado y se abrió demasiado antes de sacar un remate central bien contenido por Augusto Batalla. En la siguiente jugada, Boca no falló.

Tevez volvió a desequilibrar desde el medio. Tiró una diagonal que arrastró llevo imantada a toda la defensa del Millonario, dejando libre por el centro de la defensa a Walter Bou. El Apache metió el pase quirúrgico y el delantero ex gimnasia, en fase de optimismo con el gol, remató horrible, mordido, sucio; pero la mandó adentro. Primera ventaja en el juego gracias a la jerarquía de Tevez.

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El momento emocional que sigue a cada gol no fue aprovechado por Boca. Pavón volvió a tener una actuación deslucida y desperdició las chances de contraataque para estirar la ventaja. Entonces, promediando el primer tiempo, River empezó a jugar. D´Alessandro entró en acción y comenzó a tomar las riendas del partido con Nacho Fernández y Pity Martínez como laderos. La estrategia, simple: moverle la pelota al mediocampo de Boca, con dificultades para cubrir el ancho del campo, y jugar a las espaldas de los centrales con las diagonales de Sebastián Driussi. Martillando de a poco, las situaciones de peligro empezaron a caer.

Hay una jugada que todo rival de Boca debe llevar a cabo con frecuencia si quiere aprovechar las ventajas que da el Xeneize en defensa: los pelotazos cruzados. Las distracciones de los centrales para las coberturas y la escasa capacidad para la defensa aérea de los laterales son una invitación a los centros cruzados para invadir el área de Boca. No es casualidad que los dos goles de River llegaran de esa manera. Primero un centro pasado de D´Alessandro pésimamente devuelto hacia el centro por Gino Peruzzi y empalmado de forma impecable por Driussi para poner el empate. Después, a la salida de un córner, un centro preciso de Moreira con la defensa de Boca saliendo mal y la entrada libre de Lucas Alario, habilitado por Santiago Vergini, para poner al Millonario en ventaja con un cabezazo cruzado imposible de detener para el debutante Axel Werner.

En un abrir y cerrar de ojos, River pasó a ganar el partido y el contexto emocional pegó un giro de 180 grados. El visitante sintió el impacto y el local hizo valer su dominio sobre el juego, algo que ni el entretiempo pudo frenar. Los primeros diez minutos de la segunda mitad fueron lo mejor de River en el partido. D´Alessandro se quedó con las escrituras de la pelota; dueño del partido, sacó a pasear a Fernando Gago y puso a jugar al resto del equipo, que cometió un pecado imperdonable: no lo liquidó. Dos veces Alario y otras dos Martínez tuvieron la chance de estirar las diferencias en el marcador y no lo hicieron. El destino los castigó.

A los 15, se produjó el cambio cósmico del partido. Marcelo Gallardo decidió sacar a Andrés D´Alessandro para poner a Iván Rossi. ¿Se puede explicar esa modificación sin caer en efectos de alucinógenos? El entrenador lo intentó en conferencia de prensa; primero, el argumento físico: “Lo de Andrés ya estaba decidido. Sabíamos que en un momento íbamos a sufrir el cansancio. Teníamos previsto que jugaría 60 o 65 minutos porque el jueves tenemos una final”. Después, el argumento táctico: “Boca se iba a venir y necesitaba cubrir mejor el ancho del campo. Cedimos la pelota, pero eso iba a ocurrir por el desgaste si no cambiábamos”. Por último, el argumento contrafáctico: “Con el resultado puesto dirán que con él en cancha no nos empataban, o que si nos empataban era porque no habíamos puesto a otro jugador para hacernos fuertes en la recuperación de la pelota”.

Las explicaciones de Gallardo pueden sonar entendibles y lógicas, pero lo concreto es que con el cambio el trámite del partido volvió a virar. Es cierto que influyó que 30 segundos después de la salida del Cabezón Boca empatara el partido. Augusto Batalla venía teniendo una actuación destacado con dos atajadas frente a Pavón, pero cometió un error de novato. Salió lejos a buscar una pelota perseguida por Tevez, pasó de largo como si estuviera en el carril del Metrobús y le dejó servida la igualdad al Apache, que selló el 2-2 con un toque sutil.

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Ya sin su líder futbolístico en la cancha, River no tuvo con qué volver a imponerse en el juego. Y sin D´Alessandro en el campo, Gago empezó a mandar. Boca retomó el dominio de los primeros minutos del partido, pero le costaba generar situaciones. Por eso Guillermo Barros Schelotto mandó a la cancha a Centurión, pieza clave en el desenlace del juego. El delantero le dio la profundidad que le faltaba al equipo y con una corrida abrió la defensa local. Se la tocó a Pavón, que con la confianza en el suelo se sacó el problema de encima y abrió con Tevez. El Apache no dudó: le dio rápido, suave con cara interna, y la clavó en el ángulo. Directo a las páginas gloriosas de la historia del club.

Todo podría haber quedado en anécdota si Alario empataba inmediatamente, pero solo ante Werner le entregó un cabezazo débil a las manos del arquero. También podría haber sido distinto el recuerdo del debut para el juvenil guardameta; en el último córner para River, ya en tiempo adicionado, midió mal el centro y erró en la salida. El destino lo favoreció con un cabezazo desviado de Arturo Mina. Werner sacó desde el arco, Iván Rossi la peinó sin pensar en lo que quedaba atrás y Ricardo Centurión se fue solo contra Batalla, que otra vez volvió a pecar de joven y salió desarmado a tapar. Ricky lo eludió con un sombrerito y primereó a Maidana en el salto para empujarla a la red y cumplir con el sueño del pibe.

Consideraciones sobre el pasado. ¿River mereció más como señaló Gallardo en conferencia de prensa? Sí. Es cierto que los dos equipos tuvieron sus momentos de superioridad. Boca fue mejor en los primeros 20, luego River dominó hasta la salida de D´Alessandro y de ahí en más el visitante se adueñó del control del juego. Pero los momentos de dominio de River fueron de mayor peso. Cuando River jugó mejor, Boca lo sintió en serio y la pasó mal. En cambio, los momentos de dominio de Boca fueron más intermitentes y con menos impacto en el juego. De la misma forma, no es cierto que, como dijo Gallardo, los errores defensivos formen parte del juego en partidos así. River defendió mal y es por eso que Boca convirtió cuatro goles y Batalla debió prodigarse para contener varios mano a mano. La justificación, en este caso, es falaz.

Consideraciones sobre el futuro. Se abren dos escenarios en ambos equipos. En River, ya con una derrota fuerte en el bolsillo, una caída en la final de la Copa Argentina con imposibilidad de jugar copas en 2017 podría generar un fin de año movido. Asimismo, una victoria ante Rosario Central serviría para dejar la caída en el clásico en el olvido. Del otro lado, la derrota de Estudiantes le permite al Xeneize cerrar el año en casa como puntero del campeonato. Pero todo festejo queda sujeto a la decisión de Carlos Tevez sobre su futuro.

¿Boca, China o el retiro? Por lo pronto, una boda en Uruguay y dos goles que valen 40 millones de dólares.