Black Mirror: La Twilight Zone del Siglo XXI

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El brillante show televisivo craneado por Charlie Brooker estrenó su tercera temporada. Nos adentramos en esta serie que explora la relación entre el hombre y la tecnología. 

En el año 1959 una serie estadounidense revolucionó la historia de la televisión. The Twilight Zone (por estas tierras conocida como La Dimensión Desconocida) fue un show de antología con elenco rotativo y episodios autoconclusivos que capítulo a capítulo nos sumergía en historias fantásticas de terror y ciencia ficción. Algunas tramas más fantasiosas nos sumergían en mundos distópico e irreales (pero perfectamente construidos) mientras que los más memorables planteaban situaciones más verosímiles, donde en un escenario común y corriente irrumpía lo imposible.

wc-2No por nada esta serie quedó instalada en el Olimpo de la televisión como referente de brillante dirección y guiones. Años después, un nuevo show tomó la posta de este formato, adaptándolo a los tiempos que corren.

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Nuestro presente y futuro

Uno de los principales aciertos de Black Mirror es reflejar todos nuestros miedos, falencias e inseguridades en nuestra relación con las nuevas tecnologías sin caer en la tecnofobia. Muy pocos capítulos de la serie tienen un final feliz ya que la mayoría se centran en mostrarnos los peligros y consecuencias de nuestra excesiva dependencia de las redes sociales y la hiperconectividad o simular nuestros peores temores por el mal uso o el abuso de los avances tecnológicos (desde aplicaciones militares hasta casas inteligentes).

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Brooker nos muestra mundos irreales (pero todos posibles) que van desde el más distópico futurismo hasta escenarios más cercanos. Pese a que hay capítulos donde la relación entre la historia que nos cuentan y la tecnología no son tan reconocibles (como en el piloto, por ejemplo), esta siempre está presente. Algunos episodios no subestiman al espectador, sino todo lo contrario, lo invitan a pensar y reflexionar sobre la trama con historias contadas mediante metáforas (como en el capítulo Fifteen Million Merits).

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Originalmente la serie se emitía por Channel Four, una cadena inglesa, y el show hacía gala de la calidad y elegancia de los shows anglosajones para contar historias y desarrollar personajes. Black Mirror se ganó un público fiel durante sus primeras dos temporadas y cosechó múltiples premios además de una catarata de críticas favorables gracias a su manera de narrar y crear interesantes y diversas tramas.

En el año 2015 la cadena de streaming Netflix compró los derechos de Black Mirror y prometió una tercera temporada de 12 capítulos (hasta el momento las primeras temporadas tuvieron 3 episodios cada una y un especial de Navidad). La difusión de la serie por la plataforma online más popular de contenido audiovisual se tradujo en un mayor seguimiento por parte del público y más hype por lo que estaba por venir.

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La tercera temporada deja muy claro el cambio de manos. El show parece apelar s una audiencia más masiva y por lo tanto tiende a homogeneizar demasiado su contenido. Lo que antes Black Mirror te contaba con metáforas o implicaba de manera sutil ahora te lo escupe a la cara con una catarata de exposición. El show se asegura de que el espectador entienda lo que quiere transmitir diciéndolo de manera explícita, sin invitar a la reflexión.

De todas maneras Black Mirror sigue siendo un producto de excelencia (más por su pasado que por su presente) que se destaca entre las series de la actualidad por su inteligente desarrollo y su cuidada factura técnica. El trono de The Twilight Zone está en buenas manos.