Cinco conclusiones de la gira por Rusia antes de Rusia

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Un par de partidos con jugadores del fútbol local, dos amistosos en marzo y algún que otro cotejo en las semanas previas al inicio del mundial. Eso es lo poco que tendrá Jorge Sampaoli para probar y definir el equipo en Rusia 2018. Es por ello que un par de amistosos contra rivales clase B (o C) a ocho meses de la copa del mundo cobran vital importancia. Esto permite que el entrenador saque algunas conclusiones del triunfo ante Rusia (1-0) y la sorpresiva caída a manos de Nigeria (2-4). Aquí, algunas.

El sistema no es de roble

Existe por estos días un debate endémico en el mundo del periodismo que medita sobre la imagen de Corea del Centro. Un supuesto sitial en el que se ubican periodistas que, en lugar de castigar con vehemencia al gobierno de turno y no al anterior. Abordan el debate público desde una posición ideológica definida pero con ecuanimidad. Si estableciésemos un paralelo (38) con el universo de entrenadores argentinos de fútbol, podríamos ubicar en un extremo a Marcelo Bielsa -obsesivo del intervencionismo- y del otro a Ángel Cappa -pregonero del laissez faire-. ¿Dónde se ubicaría Sampaoli en esa alegoría? ¿En Corea del Centro? ¿O más tirando al norte?

El propio Bielsa, reconoció que el entrenador casildense es mejor que él porque “cede en sus ideas, tiene un poder de adaptación que yo no tengo. Eso lo hace mejor que yo, indudablemente”. ¿Es Sampaoli tan flexible? Su sistema predilecto es con tres defensores. Un volante central con más salida que marca, dos mediocampistas mixtos, dos externos y dos atacantes. Ese esquema, con matices debido a las circunstancias, es el que ha venido utilizando desde que asumió como director técnico de la selección.

El fallido segundo tiempo del partido contra Nigeria, en el que el conjunto africano le asestó tres goles en pocos minutos a un desorientado equipo argentino. Esto pone en duda la inmutabilidad del sistema.

Jugar como pretende Sampaoli requiere de dos elementos: por un lado, tiempo para aceitar los movimientos mecánicos de la línea de tres con los mediocampistas internos y los carrileros; por el otro, jugadores de rol, capacitados para desempeñar funciones específicas. El tiempo, está claro, escasea. Pero no es determinante. Ahora bien, ¿Argentina tiene los jugadores para jugar de esta forma?

Problemas Laterales

Uno de los argumentos que esgrimen quienes manejan información privilegiada sobre el pensamiento del cuerpo técnico es que Sampaoli no considera que existan laterales de élite en Argentina. Es cierto. A la espera del regreso de Rojo y la ilusión futura del progreso de Fabricio Bustos, solo Mercado y el retroceso a la línea defensiva de Marcos Acuña aparecen como alternativas viables. Demasiado poco. Pero en el mismo sentido, tampoco sobran los jugadores para hacer el recorrido por la banda que pretende Sampaoli. El propio Acuña y Salvio se ganaron el derecho a la duda en Quito. Pero una variante como Pavón, de gran prestación en la gira, dejó en claro lo dificultoso del retroceso en su naturaleza.

Es difícil que Sampaoli cambie su sistema. Quizás Rojo vuelva en alto nivel y se afiance como lateral junto a Mercado. Quizás no. Lo concreto es que la luz de alerta está encendida y el sistema no es indiscutible.

Otamendi, Enzo Pérez y Agüero, fijas

Más allá de lo colectivo, los partidos jugados en Moscú y Krasnodar dejaron como balance tres destacados rendimientos individuales que se afianzan como elementos vitales para la estructura del equipo pensando en el mundial.

Nicolás Otamendi siempre fue un activo de importancia de las defensas argentinas desde su aparición en Vélez. Pero desde la llegada de Guardiola a la dirección técnica del Manchester City sus capacidades parecen haberse desarrollado exponencialmente. Con confianza para el anticipo, firmeza en los cruces y claridad para salir jugando, se erigió en el líder de la defensa de la selección en el cierre de las eliminatorias. Estos amistosos no hicieron más que ratificarlo.

Enzo Pérez es el príncipe que fue prometido. Por años, la selección esperó el surgimiento de un back to back. Un mediocampista todoterreno capaz de llegar con dinámica desde su área hasta el arco rival. El volante de River se ganó un lugar con una actuación fenomenal en Quito y en la gira por Rusia terminó por convencer a los indecisos.

El Kun Agüero iba a ser el centrodelantero en el final de las eliminatorias, pero chocó en Holanda después de ver a Maluma. Ya recuperado, hizo lo básico: un gol en cada partido, más que lo que habían hecho los otros nueves en la era Sampaoli. Pero no solo fue eso. El atacante del City demostró su notable actualidad en el juego y evidenció ante Rusia los chispazos de la conexión con su amigo Messi. Otro que se ganó una confirmación en el 11 titular.

Pavón y Kranevitter, recambio

¿Cuánto puede demostrar un jugador en 15 minutos? Es muy cruel exigirle a todos que en un contexto adverso repitan las actuaciones destacadas de sus clubes que los llevaron a ser convocados. Por ejemplo Diego Perotti. Como extremo izquierdo en la Roma, desequilibra las defensas italianas y también se erige ante equipos importantes en Champions. ¿Puede hacer lo mismo en 15 minutos de un partido casi terminado contra Rusia y en 15 minutos perdiendo por dos goles con Nigeria? La norma es que en ese lapso, nadie se destaque.

Pavón es una excepción. Sampaoli notó su evolución en Boca, con la misma capacidad de desequilibrio de otrora pero con mayor madurez para la toma de decisiones, y optó por probarlo en los entrenamientos. Le gustó lo que vio y le dio minutos ante Rusia. Un par de paredes con Messi, una asistencia, buenos retrocesos; suficiente para ganarse una chance mejor. Titular con Nigeria, repitió el desequilibrio constante en el primer tiempo y lo aderezó con otro pase gol.

Es cierto que en la segunda mitad, con el equipo descontrolado, se vieron sus limitaciones. En el tercer gol, para el retroceso y la marca. Después de ello, para romper contra un rival replegado. Pero la demostración fue concreta para ganarse un lugar en el recambio.

El otro que hizo algo similar en esta gira fue Matías Kranevitter. Lucas Biglia es para Sampaoli el volante central titular, de eso no hay dudas. Pero para su reemplazo penduló entre jugadores de la misma característica como Guido Pizarro o más ofensivos como Banega y Paredes. El tucumano, titular ante Rusia, mostró las características que lo habían posicionado de buena manera en el River de Gallardo: lectura, quite, pase simple. Elementos necesarios para esa función. También sumó puntos.

Dybala, la incógnita. Di María, el peligro

Hace poco más de un año, Paulo Dybala era señalado por buena parte del mundo futbolero como el heredero de Messi. Venía de llevar a Juventus a la final de la Champions. Su figura se acrecentaba al calor del rendimiento pobre de la selección en las eliminatorias. En 15 meses, el globo se pinchó. Tras la frustración en la final, su balance magro en los partidos con la camiseta argentina lo dejaron en duda. La polémica frase sobre Messi (“es difícil jugar con él porque jugamos en la misma posición”) lo terminó de derrumbar.

Más allá de lecturas malintencionadas, su análisis no había sido errado. Pero denunciaba un problema: la poca conexión entre los cracks. Así, el propio Dybala se autoeliminó de la discusión. Tal es así que no jugó un solo minuto en los últimos dos partidos por eliminatorias. Su rol, entonces, parecía reducido a ser el reemplazante de Messi. Nada menos.

Pero el partido con Nigeria, sin Messi, reveló al mismo Dybala de antes. Más allá del excelente pase para Pavón en la jugada del segundo gol. Se lo vio errático y liviano, superado por las circunstancias, carente de respuestas. Está claro que Dybala será parte de la estructura en la que se cimentará la selección en la era post Messi, pero su influencia positiva en el equipo que jugará en Rusia se mantiene regada por la incertidumbre.

En el polo opuesto, Di María continúa como una de las piedras fundamentales del conjunto nacional en la última década. Y esto es así, pese a que no juega bien desde antes del mundial de Brasil. Mucho tiempo. Su buena actuación en Quito, jugando centrado y no abierto como habitualmente ocurre, pudo haber sido una solución pero también una trampa. Con una extendida continuidad de rendimientos opacos. Sin un reemplazante claro y con el peso del apellido. Su posición en el equipo titular parece tan incuestionable como peligrosa.

Messi, el diferencial en Rusia

Tenemos conexiones históricas, culturales y emocionales con Italia. Es por eso que la eliminación de los Tanos en el repechaje ante Suecia causó cierto estupor. También, porque fue el espejo en el que nos vimos reflejados si no se hubiera cambiado a tiempo. Italia no va al mundial por fallas dirigencias y malas decisiones técnicas que obstaculizaron un necesario recambio. Argentino pudo no haber ido por lo mismo, pero viró a tiempo. Y además, tiene a Messi.

Si algo dejó claro esta gira, es que Argentina es una cosa con Messi y otra sin él. Es una obviedad que advierte hasta el menos entendido en la materia. Pero por cristalina no deja de ser una verdad tan irrefutable como temible.

“Yo dije que el día que se lesiona pasamos a ser un equipo normal y decían que lo hacía de mala manera. Cuando se lesionó él y no sacábamos puntos, estábamos pidiendo por favor que vuelva. Tenemos al mejor del mundo. Cuando está él, somos un equipo fuerte y cuando no, un equipo que puede perder con cualquiera”. Lo dijo Juan Román Riquelme. De fútbol, algo sable.

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